‘LA PRIMERA VÍCTIMA’

Una historia de búsqueda, misterios, mentiras y ocultaciones.

«Los hechos descritos, así como los personajes, son una ficción basada en lo ocurrido durante los meses posteriores al 11 de marzo de 2004, mezclando realidad y fantasía, que el lector deberá separar»

LA NOVELA

Supone mi primera novela. Publicada en 2014 por la editorial malagueña ‘Última Línea, diez años después de la masacre.

Si deseas adquirir: La primera víctima

Hubiera querido que se publicara el 11 de marzo, pero hubo que esperar al 21 de noviembre. Aún así, se cumplió mi sueño de verla en la calle en ese año.

Presentación en Alfaro, con Mario Martínez y Gonzalo Sichar (Última Línea)

Sinopsis

El 11 de marzo de 2004, en Madrid, en los trenes de Cercanías del Corredor del Henares, tuvo lugar el mayor atentado terrorista de Europa. Casi todos los medios de comunicación, los políticos, los jueces… siempre han mantenido que los atentados del 11-M fueron cometidos por islamistas de Al Qaeda.

Pero nadie ha destapado las razones de ese atentado, ni el explosivo que se utilizó, ni el porqué del encubrimiento policial, judicial y mediático que siguió. Es un tema casi tabú en España.

La misma mañana del 11 de marzo, la Comisaría General de Información de la Policía Nacional, creó un equipo secreto para descubrir qué había ocurrido. Falsedades, filtraciones interesadas y amenazas es el ambiente donde trabaja Roberto Alonso, un joven inspector de policía de Pontevedra que se interesa por los atentados de Madrid.

Una reseña de la novela en el blog del género negro de Jordi Valero:«INTERROBANG»

Una entrevista al autor en Popular TV Rioja

Los atentados terroristas de Madrid

El 11 M no ha sido tratado todavía con la importancia y la justicia que se merece. Ha sido tan políticamente utilizado, tan manoseado y tergiversado que, aún hoy, casi nadie se atreve a hablar de este terrible atentado. ¿Por qué?

En esta novela -que no deja de ser ficción sobre unos hechos reales- se juega con las dudas, más que razonables dudas, que dejó la instrucción policial y judicial: sobre los responsables, sobre los explosivos, sobre las razones para atentar, sobre cómo se hizo, sobre las ‘pruebas’ encontradas…

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Intenta que, con un tratamiento literario de calidad, no sólo entretenga al lector sino que afile en él su espíritu crítico y se cuestione cosas que creía verdades absolutas sobre aquellos hechos. En realidad, en los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004, apenas hay ninguna verdad absoluta… excepto las víctimas: esas sí son reales.

La novela parte de…

El balance final de los atentados fue de 192 muertos y 1927 heridos. Y al ver las imágenes de los trenes destrozados, de los muertos, de los heridos, las preguntas que todos se formularon fueron, la primera, ¿quién había sido capaz de hacer esto?, y la segunda, ¿por qué?

¿Quién había sido?

La respuesta a la primera pregunta todavía no se ha podido determinar satisfactoriamente. Desde el primer minuto, las agencias de todos los periódicos, en ediciones de papel y digital, radios y emisoras de televisión de España y del mundo entero se movilizaron para informar de los que había ocurrido en Atocha. No había sido un accidente.

Se había producido un atentado terrorista en pleno corazón de Madrid tan solo a tres días de las elecciones generales. Súbitamente cobró una importancia capital conocer con seguridad quién había planeado y ejecutado semejante masacre. En un primer momento, el Gobierno atribuyó a ETA la autoría del atentado.

La furgoneta de Alcalá de Henares

Sin embargo, el providencial hallazgo, esa misma mañana, de una furgoneta Renault Kangoo, al parecer dejada en Alcalá de Henares sobre las siete de la mañana por unos extraños individuos que portaban mochilas y que habían accedido a la estación de Cercanías, y llena de pistas clave, fue determinante para orientar la investigación en dirección islámica.

«De esa manera, tanto unos como otros crearon el falso dilema de que solo podía haber sido ETA o Al Qaeda, y cayeron en el juego de la desinformación, favoreciendo a los verdaderos responsables»

Dudas sobre la autoría

Pronto comenzaron a surgir opiniones que ponían en duda la posible autoría de ETA, y aunque el ministro del Interior afirmaba con vehemencia que la banda terrorista vasca era la única culpable, ya algunos medios de comunicación nacionales e internacionales apuntaban a la posible implicación de Al Qaeda. De esa manera, tanto unos como otros crearon el falso dilema de que solo podía haber sido ETA o Al Qaeda, y cayeron en el juego de la desinformación, favoreciendo a los verdaderos responsables.

A las cinco y media de la tarde, la policía había determinado que los detonadores encontrados en el interior de la furgoneta eran distintos a los utilizados habitualmente por ETA. La cinta de audio encontrada en ella contenía versículos del Corán. En la primera inspección realizada en la calle de Alcalá de Henares, donde se encontró la furgoneta, los perros policía de los Tédax no detectaron ningún explosivo en ella, pero apareció un cartucho misteriosamente en la inspección realizada en el complejo policial de Canillas : era Goma-2 ECO, distinto al habitual de ETA.

«Pero lo que resultó clave para la orientación de la investigación hacia los islamistas fue la sorprendente aparición de una mochila-bomba en la comisaría de Puente de Vallecas la madrugada del día 12»

¿Qué explosivo se utilizó?

Sin dar a conocer, de forma precisa, los resultados de los análisis sobre los propios focos de explosión, analizados en primer lugar por los Tédax, y diciendo que era una clase de dinamita, los hallazgos de la furgoneta se tomaron como pruebas de que lo que estalló en los trenes debía ser el mismo explosivo utilizado. Aún así, el gobierno seguía reforzando la autoría de ETA.

La clave

Pero lo que resultó clave para la orientación de la investigación hacia los islamistas fue la sorprendente aparición de una mochila-bomba en la comisaría de Puente de Vallecas la madrugada del día 12.

Supuestamente procedente de la estación de El Pozo, la mochila era diferente en su composición a las otras dos mochilas encontradas y explosionadas por los Tédax en la estación la misma mañana del 11; la hora de la programación del teléfono para hacer explosión tampoco coincidía : las que estallaron lo hicieron a las 7:38 y esta tenía la hora en las 7:40.

Aunque lo más extraño de todo era que el artefacto estaba preparado para no explosionar; tenía dos cables desconectados. Durante varios meses, el jefe de los Tédax estuvo ocultando al juez encargado del sumario, con explicaciones diferentes, la verdadera razón por la cual la mochila no había explotado.

Detenciones de los presuntos culpables

Dada la urgencia de tiempo marcada por las elecciones, los servicios de policía trabajaron sin descanso. Se hacía preciso demostrar que las fuerzas de seguridad estaban tras la pista de los autores de los atentados.

Las primeras detenciones se produjeron el día 13. La policía siguió las rutas de la comercialización del teléfono y de la comercialización de la tarjeta SIM del móvil hallado en la mochila de Vallecas.

Siguiendo las pistas

Pronto determinaron que la venta del teléfono se realizó en un bazar regentado por dos indios. La tarjeta del teléfono móvil de la mochila condujo a la policía hasta un locutorio de Lavapiés. La policía detuvo a los tres marroquíes que regentaban el locutorio y a los dos españoles de origen indio relacionados con la venta del móvil.

Esas cinco personas fueron detenidas en plena jornada de reflexión, lo que causó un enorme impacto sobre una opinión pública cada vez más desconcertada después de los atentados.

Cuatro de esos detenidos fueron puestos en libertad por el juez pocas semanas después de las elecciones, pero el impacto sobre la opinión pública era ya imposible de revertir : habían sido los islamistas.

Un culpable

¿Cuál había sido el delito cometido por los indios y los marroquíes? Se les acusó por su posible implicación en una trama de integristas islámicos. En abril de 2004 fueron puestos en libertad, porque vender tarjetas de teléfono o los propios teléfonos no constituía, obviamente, delito alguno. El juez dejó en libertad a todos, excepto a uno. Encontraron que su nombre aparecía mencionado como testigo en un sumario contra una célula española relacionada con Al Qaeda, aunque nunca había sido procesado por pertenecer a ninguna red terrorista.

» La cortina de humo tendida por los organizadores del 11-M había funcionado y la policía y el juez picaron el anzuelo como estaba previsto»

El comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE), Mariano Rayón, junto con el comisario general de Información, Jesús de la Morena, ordenaron el arresto de Jamal Zougam, titular del locutorio, conocido por sus amistades radicales.

Según las informaciones periodísticas, en el año 2000 había sido investigado a raíz de una comisión rogatoria procedente de Francia, y se realizó un registro a su domicilio. Se encontraron cintas de vídeo con escenas de guerra de Pakistán y Afganistán.

Al parecer, mantenía alguna relación con el que decían era el líder de la célula de Al Qaeda en España, Abú Dahdah, por lo que alguien debió deducir que Zougam había sido quien había preparado las bombas. La cortina de humo tendida por los organizadores del 11-M había funcionado y la policía y el juez picaron el anzuelo como estaba previsto.

Manipulación de la información

El Gobierno seguía manteniendo la hipótesis de ETA, aunque a raíz de las detenciones confirmó que: “se abrían otras vías de investigación”. Los medios de comunicación, los partidos políticos de la oposición, la gente en la calle empezaban a hablar de ocultación y de tergiversación de la información.

Crecía la idea de que el Gobierno estaba manipulando la información que ofrecía sobre el atentado en beneficio del PP. El PSOE le acusaba de mentir, IU de dar un golpe de estado informativo al empecinarse en que ETA era la autora de los atentados, otros de que usaba la información de forma partidista para favorecer sus posiciones políticas en materia antiterrorista y evitar que nadie pudiera relacionar este atentado con la participación de España en la guerra de Irak.

«¿Quién dirigió a aquellas personas a esas concentraciones, rompiendo de ese modo la jornada de reflexión?»

Tres días para señalar un responsable…

El sábado 13, durante la jornada de reflexión, mediante mensajes de móvil e Internet principalmente, se convocaron manifestaciones y concentraciones ante las sedes del PP acusando al Gobierno de mentir, de no informar deliberadamente sobre la responsabilidad de los atentados. Se les responsabilizó de la masacre por la participación de España en la guerra de Irak. 

¿Quién dirigió a aquellas personas a esas concentraciones, rompiendo de ese modo la jornada de reflexión?

La labor informativa de algunos medios de comunicación fijó los términos para señalar a Al Qaeda como responsable, consiguiendo que el Gobierno cometiera importantes errores informativos; sin embargo, su trabajo profesional fue muy cuestionado posteriormente.

El 14 de marzo, el PSOE ganó las elecciones generales.

Lo ocurrido en Leganés

El 3 de abril de 2004, tres semanas después de los atentados, la policía encontró un piso en Leganés donde sospechaba que se escondían los autores materiales de la masacre. Según los informes policiales, las personas que estaban dentro, al verse rodeadas, decidieron inmolarse haciendo estallar el piso; murieron todos ellos y causaron la muerte de un policía del Grupo Especial de Operaciones (GEO). Este episodio fue determinante en el apuntalamiento de la versión islamista de los atentados. Caso cerrado.

Sin embargo, pronto comenzaron a surgir las dudas sobre lo ocurrido.

¿Por qué se realizaron los atentados de Madrid?

Esta segunda pregunta era todavía resulta más difícil de responder: ¿Por qué? ¿Y por qué el blanco elegido fue gente trabajadora de los barrios obreros de la periferia?

Había antecedentes

El 2 de agosto de 1980, en la estación de tren de Bolonia (Italia)

El 2 de agosto de 1980, en la estación de tren de Bolonia (Italia), se produjo un atentado terrorista con ciertas similitudes al de Madrid. Los terroristas atacaron el tren, mataron a 85 personas y dejaron más de 150 heridos. Como en Madrid, la bomba fue depositada, esta vez en la sala de espera de pasajeros, categoría de segunda clase de la estación del tren.

Su objetivo era matar al máximo de pasajeros. Las reivindicaciones resultaron falsas y los culpables señalados rápidamente no eran los verdaderos. Este atentado resultó el punto culminante de una ofensiva de desestabilización del régimen parlamentario italiano.

El 15 de agosto de 1998, en Omagh, Irlanda del Norte

El 15 de agosto de 1998, en Omagh, Irlanda del Norte, se produjo una explosión en el centro de la ciudad que produjo 29 muertos y 220 heridos. Rápidamente la policía señaló como responsable del atentado al IRA Auténtico, una escisión del IRA que se oponía a los llamados Acuerdos de Viernes Santo, que ponía fin a tres décadas de terrorismo.

Toda la investigación estuvo viciada desde el principio, policial y judicialmente, lo que llevó al fracaso de los juicios, donde las condenas tuvieron que ser revocadas por falsificación de documentos. El atentado despertó una fuerte ola de rechazo social. Los efectos políticos fueron rotundos : sirvieron para allanar todos los obstáculos que hasta el momento habían hecho imposible el proceso de paz.

Los atentados en Moscú, en septiembre de 1999

Los atentados en Moscú, en septiembre de 1999, donde murieron más de 250 personas, se atribuyeron rápidamente a los chechenos. Más tarde se sospechó que responsables del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antigua KGB) tenían algo que ver. Sus servicios secretos presionaban al Gobierno para relanzar la guerra, cosa que consiguieron y que fue vital para que Putin alcanzara el poder.

Características de los atentados de Madrid

Lo que distinguió todos estos atentados terroristas fue que su prioridad era provocar una fuerte reacción emocional en la opinión pública contra una cabeza de turco que sirviera a sus fines. Los de Madrid, también.

«En España, desde el principio se insistió en la idea de que había sido un castigo de Al Qaeda por la participación española en la guerra de Irak y Afganistán. Así se manejó la información desde ciertos medios de comunicación, partidos políticos e intelectuales»

Desde los atentados de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, se empezó a hablar cada vez más de que la amenaza islámica ponía en peligro la seguridad internacional.

¿Qué reacción se produjo a los atentados?

Como reacción a ese difuso peligro, se fue produciendo una mayor presencia del Estado en la vida diaria de los ciudadanos de todos los países occidentales, un control de fronteras cada vez más estricto, un mayor control de la población también dentro de sus propios territorios, una restricción general de libertades civiles y un endurecimiento general de las leyes… todo en nombre de la lucha contra el terrorismo y la seguridad.

Comenzaron a presentar a un ciudadano que prefería ver sus libertades limitadas a cambio de una mayor seguridad en esta guerra sin enemigo claro, una guerra de “la libertad contra el terrorismo»

Después del 11-S se promulgó en Estados Unidos la Ley Patriot Act, que legalizaba el espionaje policial en Internet, ampliaba los poderes para intervenir los teléfonos de personas bajo sospecha, así como para espiar las transacciones financieras, vigilar, detener y expulsar a inmigrantes y extranjeros que visitaran el país. Los diarios, las emisoras de televisión y las redes de cable comenzaron a presentar a un ciudadano que prefería ver sus libertades limitadas a cambio de una mayor seguridad en esta guerra sin enemigo claro, una guerra de “la libertad contra el terrorismo”.

En otros países se fueron adoptando leyes antiterroristas más duras, como en Francia, con la Ley Perben II y el reforzamiento del plan Vigipirate, que dotan a la policía de poderes excepcionales. Y casi todos los países lo asumieron como algo que debía ser así.

El caso diferencial español

En España, desde el principio se insistió en la idea de que había sido un castigo de Al Qaeda por la participación española en la guerra de Irak y Afganistán.

Así se manejó la información desde ciertos medios de comunicación, partidos políticos e intelectuales.

El recuerdo de lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York permitía establecer un paralelismo entre las causas que habían llevado a su realización : el descontento árabe, la situación de los palestinos, Irak…

En España se produjo el distanciamiento entre las Comunidades Autónomas que componen la nación y el enfrentamiento permanente entre los partidos políticos

Los atentados eran la consecuencia de la desastrosa gestión internacional de los países occidentales con la situación árabe. Una especie de mea culpa se instaló en algunos sectores de las sociedades occidentales, donde surgieron movimientos de comprensión hacia las causas que habían llevado la yihad hasta sus casas; se adoptó una política de apaciguamiento hacia los islamistas, procurando no ofender su sentido religioso o su cultura con ninguna muestra que pudieran considerar irrespetuosa hacia ellos, aunque fuera dentro del marco de la libertad de expresión occidental, ni siquiera en la prensa o en la cultura, no digamos ya en la política.

Pero a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos, donde se produjo un cierre de filas tras la bandera después del 11-S, en España se produjo el fenómeno contrario, el distanciamiento entre las Comunidades Autónomas que componen la nación y el enfrentamiento permanente entre los partidos políticos, trasladando todo ello a la calle, a la gente común, donde se radicalizaron las posiciones políticas y se rescataron viejos fantasmas guerracivilistas de su reciente historia.

¿Fue realmente un atentado islamista, de al Qaeda?

Aunque pudiera resultar cómodo, y políticamente rentable, creer que la invasión a Irak y el odio generado en los países árabes estuvieron detrás de la masacre, lo cierto es que poco a poco fueron apareciendo otras sospechas que iban más allá de la simple autoría islámica debido, sobre todo, a las enormes lagunas de credibilidad, de procedimientos, de probadas falsedades y dudas que ofrecía la versión policial, judicial y mediática sobre los atentados.

Las sospechas de que los atentados buscaban un chantaje al Gobierno de España, independientemente de que hubiera cambio o no, se fueron haciendo cada vez más intensas.

Los hechos descritos, así como los personajes, son una ficción basada en lo ocurrido durante los meses posteriores al 11 de marzo de 2004, mezclando realidad y fantasía, que el lector deberá separar.

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